sábado, 6 de septiembre de 2008
Melancolía
sábado, 23 de agosto de 2008
A mi ordenador no le gusta Tuenti

viernes, 1 de agosto de 2008
Querida vecina:
Pero otro buen día usted se creció. No la culpo por ello. Yo también me crecería frente a quien se plegara a mi voluntad. Usted hacía y deshacía mi vida con sus golpes en la pared. Organizaba mis ritmos vitales con su mala leche hecha percusión... Pero el caso es que se creció. Y un buen día me llamó "bruja". Y eso sí que no. Por ahí no paso. Que una es servil y está dispuesta a no ver la tele y a pelarse las manos pero no tolera insultos. Sólo faltaría. Y desde entonces mi vida es un poco más divertida y creo que la suya es algo más taciturna. Tampoco la culpo. Si alguien me hubiera respondido (siempre a través de la pared, por supuesto) tal como yo lo hice con usted ese día, yo también tendría miedo. Pero de algo ha servido, pues ahora parece que las cañerías no molestan ni disgustan las conversaciones telefónicas a las 2 de la mañana. Y, ¿sabe qué? Si le molestan cumpla con sus amenazas que llegan a a mi humilde hogar apagadas por el ladrillo y llame a la policía para que nos riamos (de usted) un rato.
Lo que pudo ser y no fue... Ya nunca nos hablaremos sino a través del anoréxico muro cual Melibeas con sus enamorados.
Y, no se crea, iría a la puerta de su casa a escupirle mi desprecio y mis argumentos a la cara (por ese orden) si no fuera porque temo que me arroje o, peor, que me persiga por el pasillo arrojándome uno o varios de los 27 gatos que, en mi imaginación, habitan su hogar.
Un saludo de la vecina del 118
sábado, 10 de mayo de 2008
Cosas que estoy aprendiendo en Costa Rica
Todo eso y muchas otras cosas que ya iré contando cuando vuelva a España.
lunes, 10 de marzo de 2008
Otra foto de la vergüenza
Pero, mire usted por donde, no me voy a callar. Me estoy calentando. Mis principios me están contrayendo el estomago, lo cual me produce asco y arcadas, para recordarme que hay algo que sí tengo que escribir. Esa misma sensación de nausea fue la que sentí ayer al ver en Ferraz junto al ganador de las elecciones, jaleándolo y abrazándolo, a un grupo de gente a los que se denomina artistas en un ejercicio de carencia absoluta de vocabulario y terrible concepción del arte. Si Buonarotti levantara la cabeza… Ni siquiera soy capaz de expresar mi repulsión y no creo elegante repetir aquí lo que le dije ayer al tele al verlos. Indignos e incoherentes es lo más suave que se me ocurre. La falta de memoria para los errores propios o de aquellos con los que simpatizamos es, sin duda, uno de los pecados favoritos del español. ¿Dónde estaban todos esos hace 10 años? Creo recordar que cantando la internacional de la mano del gran Julio Anguita. Ahora ya son más moderados, más centristas si hay que serlo. Y es que, claro, el canon hace mucho. Son ustedes unos untados, señores. Sí, sí. Unos untados, unos veletas, unos miserables. Qué bonito es decir que se es de izquierdas y abogar por la predistribución de la riqueza cuando se nada en billetes cual tío Gilito. Qué falsa dignidad vendéis los que en la calle ponéis el puño en alto y en casa os ponéis un Armani para ir a la reunión de la directiva de la SGAE, de la que sois miembros desde hace años. Todo mi desprecio para vosotros, escoria. Dejad de manchar el nombre del arte.
martes, 4 de marzo de 2008
Perdón, me he emocionado
Increible como el término “emocionarse” ha eclipsado, desplazado y anulado completamente al hecho de llorar a moco tendido. Incluso ha podido con el nunca suficientemente socorrido “se me han saltado las lagrimas”.
Vamos a ver, hijos míos. Emociones son todas: desde partirte de la risa hasta acordarse de la puñetera madre de Rita la Cantaora pasando por todas las demás. Pero no. Emocionarse es llorar como una posesa, sobre todo si estás en algún tipo de reality y te ponen la voz de tu madre en off.
miércoles, 20 de febrero de 2008
El fin está cerca (para quien sepa inglés ya llegó)

jueves, 14 de febrero de 2008
Siempre los cariñitos me han parecido una mariconez...

siempre me han parecido fechas mucho más
elegantes y distinguidas, no sé por qué.
martes, 12 de febrero de 2008
Situaciones inverosímiles.
SITUACIÓN A (interior de una copistería. Fila de clientes esperando ser atendidos. Dos amigas y yo las primeras. Señor setentón de chaqueta de cuadritos marrón –estas típicas de abuelo, sabéis cuales son, ¿verdad?- y tos estertórica justo detrás. La tercera en la cola una abuela –supongo… todas tienen nietos- también septuagenaria de abrigo hasta la rodilla de muletón marrón, bolso al codo y pañuelo de tela en la mano)
Dependiente: ¡siguiente!
Yo: sí, soy yo. Quería copia de esto. (Lo coge y se va hacia la máquina)
Otro dependiente: ¿quien va ahora?
El señor: pues creo que yo… Señorita… (Refiriéndose a mí que, claro, no me doy por aludida con ese apelativo) ¿Soy yo el siguiente, verdad?
Yo: si, porque nosotras venimos juntas y ya se lo diremos todo junto a este chico que me está atendiendo.
La abuela: (que entra en escena sin que nadie la llame, como hacen los abuelos de otros, los que no conoces. Tus abuelos nunca harían eso) Pero mire, aunque no fuera usted el siguiente, estas chicas le dejarían pasar a usted, ¿no es verdad, niñas?
Yo: (me acabo de quedar muerta) ¿Perdone?
La abuela: sí, que lo dejaríais pasar aunque no le tocara, porque es mayor, ¿verdad?
Yo: pues no, señora. (La mujer se queda parada y pone cara de no entender en qué parte falló su discurso) Yo le doy la razón a quien la tiene. (¿Cómo? ¿Cómo que razón? Somos mayores, ¿no es eso razón suficiente?) Si le tocara a él, como es el caso, le dejaría pasar. Si no, tendría que esperar su turno. Vamos, digo yo.
SITUACIÓN B (tras un frugal desayuno en la mesita de una cafetería nos levantamos serviciales a abonar la consumición en la barra)
Camarera: 2’10. (Coge el dinero y se va. Vuelve con el cambio)
Yo: perdona, creo que me has cobrado de más…
Camarera: no. Son 2’48.
Yo: me acabas de decir 2’10…
Camarera: sí, pero eso es sin incluir el 10% de suplemento en mesa (Me caigo al suelo)
Yo: Eeeehh… ¿ese suplemento no es sólo para la terraza?
Camarera: no. Siempre se cobra. El servicio del camarero se cobra siempre. A no ser que estés sentado en la barra. (Lógica aplastante)
Yo: ah, claro… porque si estás sentado en la barra eres tú el que te pones el café y te tuestas el croissant. El camarero no interviene en nada. Claro.
lunes, 11 de febrero de 2008
Señora, ¿podría indicarme por dónde queda el punto medio?

Por cierto, os pediría a todos los que pasáis por aquí, así en letra pequeñita, que me dejaráis comentarios en lugar de decirme por teléfono lo mucho que os gustan mis post. Ya sois muchos los que usáis esa técnica y, si me quereis, mejor escribidme.