Mañana, por si alguien aún no lo sabe, (será portada de telediario, te lo digo yo) sale a la venta en España el séptimo y ultimo libro de Harry Potter. Y, sí, con la popularidad que me caracteriza, ya me lo he leído. Lo hice este verano. No encuadernado y súper mono como lo venden mañana sino en forma de más de 700 folios sueltos que iba sacando cuidadosamente de una bolsa de papel de Springfield y metiendo con más cuidado si cabe en otra de semejantes características. El desorden sería la hecatombe. Y, bueno, qué decir. Que me encanta. Todo el universo harrypottertiano, con sus muchos personajes, sus hechizos, sus lugares, sus magos fundadores, las casas, Hogwarts... Todo. Me encanta, me encanta. ¿Lo digo otra vez? ¡Me encantan! Me jarté (con “j”. La “h” se queda corta) de llorar con los últimos. Es la única serie de libros que he leído entera (honor que comparte con la trilogía de El Médico, de Noah Gordon) pero, paradojas de la vida, no tengo en mi poder ni uno solo de los ejemplares. No he comprado ninguno. Por eso, si alguna vez me caso, lo primero que pondré en la lista de bodas es la serie completa. En inglés y en español. Y si tengo hijos se los leeré por las noches.
He de confesar que vi la primera película antes de leer el primer libro. Nunca mais. Aún así la película me enganchó. Seamos sinceros, por Dios, ¿Quién no quiere ser mago y llevar túnica y tener una varita? Yo, por supuesto. Y si encima vives en ese pedazo de castillo y te ponen la comida delante todos los días ya me muero, vamos.

Si tuviera a J.K Rowling delante y sombrero puesto, me lo quitaría. Esa mujer que una Nochevieja, por no tener ganas de ver “El hombre que pudo reinar” se puso a escribir. Y mírala. Ahí la tienes. La escritora de más éxito del mundo. Más dinero que la reina de Inglaterra. Metiendo el gusanillo de la lectura a millones de futuros adultos en todo el mundo. Ole tú, nena. Y lo mismo es que yo soy muy inculta o muy joven pero ¿Cuándo se han hecho colas de horas de espera o se ha dormido en la calle para comprar libros, como pasa con Harry? ¿Cuándo otro libro ha sido capaz de encajar un carrito de equipajes en medio de una pared en un edificio histórico como han hecho en el andén 9 y ¾ en King’s Cross?
Los únicos de esta historia que me dan pena son los pobres actores de la saga, que no se quitarán el sambenito de ser Harry, Ron y Hermione en la vida y de los que esperamos que en el show de Jay Leno saquen una varita y a golpe de Wingardum Leviosa levanten la mesa pero claro, la realidad no supera la ficción. Y en este caso, menos aún.