Y ya está... ¿que le voy a hacer? no me gusta hablar con gente que no conozco. No, eso no es cierto. Me encanta hablar con gente, da igual conocerlas o no. Me encanta la gente. Rectifico: no me gusta hablar con tíos que no conozco en las discotecas y sitios por el estilo. Sí. Eso es exactamente. Lo siento pero no me gusta. Uno de mis muchos prejuicios es que creo que no voy a encontrar a nadie interesante en un lugar así. Todos me parecen buitres a la caza y captura de presa comestible. Si un tío al que no conozco de nada me intenta dar conversación en una discoteca le contesto, eso sí, educación ante todo, pero corto por lo sano. Ni le doy conversación, ni mucho menos le sigo el rollo ni, ¡oh, horror! acepto la mano que me tiende para bailar con él. Sé que muchos podrían ponerme mil objeciones. No os molestéis. Ya lo hago yo sola, pero, a ver, es un prejuicio como otro cualquiera. De hecho, a mi también se me valora cuando se me conoce pero con un desconocido ebrio (o sobrio) a ritmo de pachangueo nunca me parece ni el momento ni el lugar.
Además, seamos sinceros, ¿quien da una buena primera impresión en un bareto? En medio de música que normalmente está demasiado alta lo cual te pone en dos situaciones, no sé cual peor: no escuchar/entender absolutamente nada de lo que alguien te dice o que el susodicho, intentando hacerse entender y, ya de paso, darse un alegría pal cuerpo, te agarre por la cintura como en el mejor lance de sevillanas y te acerque tanto la boca a la oreja que cuando la despega tienes que darte un restregón con los dedos en un vano intento de sacarte de ahí el pitido que te acompañará el resto de la noche.
Por no hablar de las primeras frases que se dicen para romper el hielo... Por eso me encanta esa camiseta. Me da exactamente igual parecer una borde / mogigata / amargada / asocial porque sé perfectamente que no lo soy. Ya estoy en trámites para hacerme con una...
